Estás leyendo Sin Partitura.
Y no, no es una newsletter de música,
aunque no dejará de sonar.
No hay guion.
Ni método.
Ni programa de mano.
Ni ensayo general.
Solo piezas pequeñas
que a veces sonarán piano
y otras en forte.
Depende del día, depende de ti.
Cada entrega parte de un concepto musical,
pero en realidad hablo de ti, te hablo de mí.
Nada técnico. Nada con partitura.
Escribo para sintonizar una frecuencia:
La que aparece con ese acorde raro que suena cuando se mezcla un lunes gris con una risa inesperada.
La que nace de vivir algunos días en adagio y otros en allegro, sin saber muy bien por qué.
De las disonancias que terminan encajando y ritardandos que no parecían llegar.
Esto se llama Sin Partitura
porque la vida no trae instrucciones,
ni digitaciones,
ni cadencias perfectas.
Porque improvisamos más de lo que admitimos,
y porque a veces, lo más bonito ocurre así.
Al final no se trata de tocar notas,
sino de contar una historia con ellas.
Cada semana sonará distinta.
Solo un tempo fijo: domingo.
Un café caliente
y menos ruido.
Y si se te hace tarde,
o no quieres escuchar más,
puedes irte despacio,
como quien se levanta antes del bis
y sale antes de que termine el concierto.
¿Por qué suscribirse?
Suscríbase para tener acceso completo al boletín y a los archivos de las publicaciones.

