Hay notas que parecen llevar el peso de toda una obra.
Las más agudas.
Las más rápidas.
O esas que exigen dedos precisos
y muchas horas de estudio.
Y luego está la tónica.
Ella no necesita demostrar nada.
Tampoco suele ser la más brillante
ni la más difícil.
Pero cuando aparece,
el oído deja de buscar
y, por un instante, siente que ha llegado a casa.
Siempre me ha llamado la atención que una sola nota
pueda provocar una sensación tan física.
Como si el cuerpo reconociera un lugar
antes incluso de que la cabeza sepa cuál es.
Estos meses he vuelto muchas veces a esa idea.
Mi hermana tiene una confianza enternecedora en mis capacidades.
Así me retaba antes del verano:
“Espero sepas descansar,
pues tu cabeza siempre está envuelta de ideas y creatividad.”, me dijo.
Me conoce demasiado.
Y algo de razón tenía.
Aunque este verano he descubierto que descansar también puede significar otras cosas.
A veces no es parar.
Es volver.
Volver a un lugar donde no tienes que sostenerlo todo.
En verano vuelvo a casa.
A esa donde mi madre sigue preguntándome si he comido,
convencida de que un plato de comida me va a arreglar medio mundo.
Y sí, a veces lo hace.
A esa donde pedir una cosa significa recibir tres,
dos por si acaso y otra porque nunca se sabe.
Donde te dicen que no hace falta correr tanto.
Y saben cuándo necesitas algo
antes de que tú misma lo sepas.
Donde el café de tu padre tiene un sabor distinto
aunque él asegure que no hace nada especial.
Y ese “llévate esto” llega
cuando ya sabes que no hay negociación posible.
Donde parece que el mundo deja de ser una cosa tan seria
y los paseos bajo la luna consiguen bajarla hasta el suelo.
Ese lugar donde todavía puedes dejarte cuidar.
Donde no tienes que demostrar que puedes con todo.
Donde lo que te preocupa cabe un poco más pequeño.
Y, sin darte cuenta, algo en el cuerpo baja un poco los hombros.
De pronto eres hija.
Pequeña otra vez.
No pequeña de edad.
Pequeña de refugio.
Porque la tónica no es solamente la nota a la que vuelves.
Es la nota desde la que todo empieza a tener sentido.
La que da nombre a la tonalidad.
La que le da su color.
La que hace que todas las demás tengan un lugar desde el que alejarse
y al que regresar.
La dominante puede tensar la música.
La subdominante puede abrirla.
Y la melodía puede irse muy lejos.
Porque si no existiera la distancia, tampoco existiría el regreso.
La armonía no depende solo de la tónica.
También depende de cómo se acompaña,
de cómo se escucha
y de cómo se abraza todo lo que suena alrededor.
Porque ser centro no significa sonar sola.
Ser refugio no significa no necesitarlo.
Con algunas personas pasa lo mismo.
No necesitan estar todos los días para seguir siendo centro.
La distancia no las hace menos importantes.
A veces solo hace más evidente el lugar que ocupan.
Así que no sé si este verano he descansado.
Mi hermana seguirá pensando que debería haber descansado más.
Las hermanas tienen esas cosas.
Ha sido otra vez un verano sencillo.
Uno más.
Y qué suerte que lo sea.
Mi autoexigencia sigue intacta.
No esperaba milagros.
Pero mientras ella hacía sus planes y cuentas
yo estaba con los míos.
Nada extraordinario.
Todo lo importante.
Quizá descansar era escuchar más fuerte esa tónica.
La misma que suena en mí.
Porque yo también soy la nota de reposo para otros.
La que abraza después de un día largo.
La que intenta que un problema
no termine ocupando toda la habitación.
La mirada que entiende sin pedir demasiadas explicaciones.
La que da besos que son casa
y consiguen que el mundo vuelva a estar en su sitio.
Por eso me gusta tanto la tónica.
No porque sea la nota que permanece mientras todo lo demás cambia.
Sino porque hace posible que todo lo demás pueda cambiar.
Me gusta saber que puedes volver a casa
y, al mismo tiempo,
ser la casa a la que alguien vuelve.

TONICA
PUNTO DE PARTIDA Y SOBRE TODO, LUGAR AL QUE LA MELODÍA PUEDE REGRESAR PARA ENCONTRAR REPOSO.
TU VERO ERES COMO UNA COMPOSICIÓN MUSICAL, CONSTANTEMENTE BUSCAS MEJORAR, ALCANZAR NUEVAS METAS, CORREGIR ERRORES.
CADA DIA AÑADES NUEVAS NOTAS: EXPECTATIVAS, RESPONSABILIDAD, ESFUERZO, DECISIONES, DESAFIOS...
PERO NO OLVIDES TU PROPIA TONICA, ESE INTERIOR TUYO DONDE NO NECESITAS DEMOSTRAR NADA.
QUIZA VIVIR SEA APRENDER A VOLVER A NUESTRA TONICA. A AQUELLO QUE NOS SOSTIENE NOS CALMA Y NOS RECUERDA QUE NUESTRO VALOR NO DEPENDE DE HACER TODO PERFECTO.
DEMOS GRACIAS!!! NUESTRA TONICA ES NUESTRA FAMILIA Y PERSONAS CERCANAS.
TENEMOS MUCHÍSIMA SUERTE
Gran reflexión , llena de sabiduría y cariño... como la autora! Bravo!!