Disonancia
Lo que más te incomoda de ti
casi nunca es un fallo.
Suele ser algo más simple.
Y bastante más verdadero.
La disonancia no viene a pedir permiso.
No avisa, no entra despacio, no espera turno.
Es ese acorde que no intenta agradar,
sino hacerse notar.
Tensión con intención.
Te despierta del modo avión.
Te saca del piloto automático.
Es ese “algo” que no encaja,
pero tampoco se va.
Ese sonido que aprieta,
que parece que está mal
y no lo está.
A mí me encantan.
No permiten fingir.
Hay quien confunde la disonancia con error.
Con algo que hay que arreglar rápido.
Con algo que estropea la armonía.
Y entonces hacemos lo de siempre:
Nos aprieta una emoción y la disfrazamos.
Alguien no piensa como nosotros y lo bloqueamos.
No pensamos como todos y aprendemos a callarnos.
Estamos tristes y cansamos.
Se nos nota demasiado la alegría
y damos vergüenza ajena.
La tensión no es el problema.
Ignorar lo que está señalando, sí.
Pero la disonancia es una verdad impaciente.
Una nota que no se conforma con quedarse quieta
solo porque a los demás les gusta que todo suene bonito.
Por eso existen intervalos que no nacieron para agradar:
La segunda menor aprieta por dentro.
La séptima mayor se estira hacia otro acorde, aunque nadie la llame.
Y el tritono, aquel viejo acusado de irreverente,
sigue sonando como si estuviera cuestionándolo todo.
Yo soy fan de todos ellos.
Stravinski lo sabía.
Llegó un momento en que la belleza sola ya no le servía.
Y dejó que las notas discutieran entre sí.
Escribió desde el choque,
desde esa música que no acaricia:
despierta.
Strauss lo llevó aún más lejos en Elektra.
La orquesta no descansa.
Las armonías no se acomodan.
No porque quisiera escandalizar,
sino porque estaba escribiendo
desde la cabeza de alguien que no conoce la paz.
Y es que a veces la disonancia no se resuelve
porque la herida tampoco.
La realidad es que no toda disonancia suena igual.
Algunas revelan.
Otras se enquistan cuando nadie las escucha.
Hay disonancias que se disfrazan de carácter,
de orgullo,
de autosuficiencia,
de envidia que intenta tapar tu melodía
para no escuchar la suya.
Otras se llaman inseguridad:
tensiones que quizá no hacen ruido hacia fuera,
pero por dentro no dejan afinar nada.
El miedo
es una tensión entre lo que deseas
y lo que temes perder.
No siempre viene a frenarte,
a veces solo señala que hay algo importante en juego.
El perfeccionismo es otra historia:
una disonancia silenciosa
que nunca da el acorde por bueno,
que siempre oye la nota que falló
aunque nadie más la haya escuchado.
No nace del amor por hacer las cosas bien,
sino del miedo a no ser suficiente.
Y luego está el enfado.
Una disonancia eléctrica.
Aparece cuando choca lo que pasa
y lo que dentro de ti sabe que no debería pasar.
Por eso muchas veces corremos hacia la consonancia,
no porque sea más verdadera,
sino porque parece más segura.
Así que afinamos, afinamos, afinamos…
hasta que ya no suena nadie.
Gente que prefiere sonar correcta
antes que sonar sincera.
Pero lo que casi nunca se dice
es que a veces la belleza aparece justo ahí,
en ese punto de tensión
donde algo se mueve por dentro
antes de que sepamos ponerle nombre.
La consonancia relaja.
La disonancia revela.
Y algunas tensiones nos obligan a escuchar distinto,
a quedarnos un poco más
aunque no sepamos qué hacer con lo que suena.
Permítete incomodar.
A otros.
Y también a ti.
Aguanta la nota que chirría.
Sostén el silencio incómodo.
Quizá, si escucháramos de verdad nuestras disonancias,
si dejáramos de obligarlas a encajar en un compás perfecto,
sabríamos que la música, como la vida
no se afina para ser perfecta
sino para ser verdadera.

DISONANCIA o también podríamos decir: ESTO NO ME CUADRA o FUERA DE SINTONIA.
La vida del ser humano es una disonancia constante.
Cuantas veces al día chocamos con lo que pensamos, lo que sentimos y sobre todo lo que hacemos al final.
Cuando seamos conscientes de esta forma de actuar, creceremos como personas.
A veces identificar la fuente de la disonancia puede ser el primer paso para hacer cambios y encontrar equilibrio en nuestras vidas.
EN LA VIDA TENEMOS QUE AFINAR PARA SER VERDADEROSSSS
☺️😘☺️
Tremenda. Impactante. Boquiabierta estoy. Enhorabuena!